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Jean Baudrillard dice: creemos fotografiar determinada escena por placer —en realidad, ella es la que quiere ser fotografiada— y no somos más que el figurante de su puesta en escena. El sujeto no es más que el agente de la aparición irónica de las cosas. La imagen es, por excelencia, el medium de la publicidad gigantesca que se hace el mundo, que se hacen los objetos, forzando a nuestra imaginación a borrarse, a nuestras pasiones a extrovertirse, rompiendo el espejo que les ofrecíamos hipócritamente para captarlas. Y sigue: es preciso que una imagen tenga esa cualidad, a de un universo del que se ha retirado el sujeto. La propia trama de los detalles del sujeto, de las líneas, de la luz, es lo que debe significar la interrupción del sujeto y, por consiguiente, también la interrupción del mundo, que constituye el suspense de la foto. Mediante la imagen, el mundo impone su discontinuidad, su fragmentación, su amplificación, su instantaneidad artificial.(BAUDRILLARD, Jean. La transparencia del mal. Anagrama, Barcelona, 1991.) En "El tiempo, un punto ciego en la visión fotográfica". Carlos Villasante
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