(...) Lo dice Benjamin: es un destello, un destello momentáneo, que dura sólo un instante. Y eso es lo que me interesa. Hace poco he acabado un texto sobre la imagen como mariposa. Si realmente
quieres verle las alas a una mariposa primero tienes que matarla y luego ponerla en una vitrina. Una vez muerta, y sólo entonces, puedes contemplarla tranquilamente. Pero si quieres conservar la vida, que al fin y al cabo es lo más interesante, sólo veras las alas fugazmente, muy poco tiempo, un abrir y cerrar de ojos. Eso es la imagen. La imagen es una mariposa. Una imagen es algo que vive y que sólo nos muestra su capacidad de verdad en un destello. Entrevista a Georges Didi-Huberman feb/2009
lunes, 22 de noviembre de 2010
sábado, 6 de noviembre de 2010
El Tiempo: metonimia de lo instantáneo, la posibilidad del relato imantada por su propio límite. En la modernidad técnica de su dispositivo, lo instantáneo fotográfico no podrá ser en sí mismo otra cosa que la metonimia más sobrecogedora de una instantaneidad más vieja. Más vieja aunque jamás sea extraña a la posibilidad de la tekhné en general. Si se toman mil precauciones diferenciales, debemos poder hablar de un punctum en toda marca (y la repetición, la iterabilidad de la estructura), en todo discurso sea o no literario. Si asumimos que no se mantiene un referencialismo ingenuo y “realista”, lo que interesa y anima nuestra lectura más meditada, la más estudiosa, es la relación con algún referente único e irreemplazable: lo que ha ocurrido sólo una vez, para dividirse de inmediato, (...) j derrida
La foto es bella, el muchacho también.................
Y he aquí el pasaje de una muerte a la otra: “Ahora sé que existe otro punctum (otro “estigma”) además del ‘detalle’. Este nuevo punctum que no es ya forma sino intensidad, es el Tiempo, es el énfasis desgarrador del noema (“eso ha sido”), su representación pura. En 1865, el joven Lewis Payne intentó asesinar al secretario de estado americano W. H. Seward. Alexander Gardner lo fotografió en su celda: esperaba la horca. La foto es bella, el muchacho también: es el studium. Pero el punctum es: va a morir. Leo al mismo tiempo: eso será, eso ha sido; observo con horror un futuro anterior cuyo apuesta era la muerte. Al darme el pasado absoluto de la pose (aoristo), la fotografía me dice la muerte en tiempo futuro. Lo que me punza es el descubrimiento de esta equivalencia. Ante la foto de mi madre niña, me digo: morirá. Tiemblo, como el psicótico de Winnicott, ante una catástrofe que ha ocurrido ya. Esté o no muerto el sujeto, toda fotografía es esta catástrofe.” Y más adelante: “Porque hay siempre en ella ese signo imperioso de mi muerte futura, cada foto, aun si estuviera plenamente arraigada en el mundo excitado de los vivos, viene a interpelar a cada uno de nosotros, uno por uno, ajena a toda generalidad (pero no ajena a toda trascendencia).”
De nuevo la claridad, la “fuerza de la evidencia”, como él dice, de la Fotografía. Pero eso conlleva presencia y ausencia, no se muestra ni se oculta. En el pasaje acerca de la camera lucida, cita a Blanchot: “la esencia de la imagen es estar por completo afuera, sin intimidad, y sin embargo más inaccesible y misteriosa que el pensamiento del fuero interno; sin significación pero invocando la profundidad de todo sentido posible; irrevelado y sin embargo manifiesto, teniendo esta presencia -ausencia que constituye el atractivo y la fascinación de las Sirenas.” de j. derrida en las muertes de roland barthes
(...) escribe Heidegger: «La relación con el presente, que muestra su orden en la esencia misma de la presencia, es única (ist eine einzige). Permanece por excelencia incomparable a cualquier otra relación, pertenece a la unicidad del ser mismo (Sie gehört zur Einzigkeit des Seins selbst). La lengua debería, pues, para nombrar lo que se muestra en el ser (das Wesende des Seins), encontrar una sola palabra, la palabra única (ein einziges, das einzige Wort). Es aquí donde medimos lo arriesgado que es toda palabra del pensamiento [toda palabra pensante: denkende Wort] que se dirige al ser (das dem Sein zugesprochen wird). Sin embargo, lo que aquí se arriesga no es algo imposible; pues el ser habla en todas partes y siempre y a través de toda lengua.» Tal es la cuestión: la alianza del habla y del ser en la palabra única, en el nombre al fin propio. Tal es la cuestión que se inscribe en la afirmación jugada de la différance. Se refiere a cada uno de los miembros de esta frase: «El ser/habla/en todas partes y siempre/a través de/toda/lengua.»
(...) jacques derrida
cita: «La relación con lo presente que reina en la propia esencia de la presencia, es única. Permanece por excelencia incomparable con cualquier otra relación. Forma parte de la unicidad del propio ser. Así pues, para nombrar lo que se hace presente en el ser, la lengua debería encontrar una única palabra, la única. Esto nos permite medir hasta qué punto es osada cualquier palabra pensante que apela al ser. Pero este riesgo no es nada imposible, pues el ser habla de las maneras más distintas siempre y en todo lugar, a través de toda lengua.» Trad. cast. de Helena Cortés y Arturo Leyte en «Caminos de bosque», Alianza, Madrid, 1996, pág. 331.]
(...) jacques derrida
cita: «La relación con lo presente que reina en la propia esencia de la presencia, es única. Permanece por excelencia incomparable con cualquier otra relación. Forma parte de la unicidad del propio ser. Así pues, para nombrar lo que se hace presente en el ser, la lengua debería encontrar una única palabra, la única. Esto nos permite medir hasta qué punto es osada cualquier palabra pensante que apela al ser. Pero este riesgo no es nada imposible, pues el ser habla de las maneras más distintas siempre y en todo lugar, a través de toda lengua.» Trad. cast. de Helena Cortés y Arturo Leyte en «Caminos de bosque», Alianza, Madrid, 1996, pág. 331.]
(...) El signo o «representamen», dice Charles Sanders Pierce, es lo que sustituye algo por alguien. El signo se dirige a alguien y evoca para aquél un objeto o un hecho, durante la ausencia de tal objeto o de tal hecho. Por ello, decimos que el signo significa «in absentia». «In praesentia», es decir, en función del objeto presente que representa, el signo parece plantear una relación de convención o de contrato entre el objeto material representado y la forma fónica representante.
(...) Julia KRISTEVA
(...) Julia KRISTEVA
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)